miércoles, 26 de septiembre de 2012

La Carta



Lo que sucederá es inminente e irrefutable. Me iré. Lo sé porque ya estuve allí, pero no creas que te espío o que me fui adelante en el tiempo porque yo no soy maga ni bruja, yo no soy un bicho raro. Fíjate lo sencillo que es determinarte sólo con verte a los ojos, el frío de tus labios quebrados como la piel que cubre tus rodillas, reflejo de las grietas que voy a dejarte cuando me marche, si me marcho, si es que dejas que me marche, aunque será mejor que no te esfuerces porque de todos modos mi ausencia ya hizo agenda en tus manos. Será mejor.

Que comiences a construir mi recuerdo corriendo entre los girasoles del jardín trasero que da hacia la carretera, y que te acuestes a encontrarte conmigo en mi escape para que sientas cómo he de recordarte, temblando mis manos por el viento frío y cortante, que daña vidas y alarga distancias, muy útil ¿verdad? : Como si considerar el suicidio no fuera pecado sino una puerta abierta, recitando a Bukowsi estratégicamente para atormentarme, sin decidirme por el delirante aire vivo, o la obligación del cuerpo cansado y agonizante que me exige dar el salto dentro de la fosa ya cavada desde mi nacimiento.

Vas a ver que una vez me marche ya no va a dolerte leerme, y me agradecerás todo el amor que desperdicié contigo. Dirás que soy rencorosa, pero tengo tanto querer adentro que del mío viviría la patria. Mientras me olvidas voy a morderme los labios en un simbólico ritual de masturbación retórica, mal planteada, como táctica para eliminar los recuerdos hasta que me escurran por la frente como el sudor que dejé impregnado en tu ombligo, porque ni la muerte se los lleva.

A veces me parece que hablo de más. 

Doble Alejandra


Yo nunca vi tu andar flotante
Circense entre el gris escarlata
De ciudades que no conozco
Y riveras lúcidas en lunas menguantes.

Jamás de tus ojos vi luz alguna
Porque allá en el sur no hay camino
Ni hay tiempo para los muertos
Para ti pequeña, sólo hay dudas abstractas:

Te fuiste
Entre la lujuria color miel de tus ojos
Muertos
Célebres.

Y en tu paso por los inviernos hechos monocromo
¿A mí?
Ni el aura viva
Ni el frío de un amor estrellado en mi torso.

Arruinemos el verso porque no estás escrita, ni en las sábanas de mi cama has ya de revolcarte, ni leyendo tus historias de rencor añejo vas a pasearte por la casa, haciendo crujir los pisos de madera, porque a ti no te da la gana, porque a mí ya no me complacen los cortos idilios que me ofrecía tu cuerpo, Alejandra.

No te conozco. No me conoces.

miércoles, 20 de junio de 2012

Jugando a ser sociedad


Me inventé un juego para que la sociedad funcione, porque de verdad funcionaría, la cosa es así: No hay límite de jugadores ni excepciones en su condición, el juego trae incluídas unas papeletas con cierto valor emitidos y fabricados mágicamente por una especie de entidad que llamaremos "Sistema Económico", que sirven para realizar intercambio de bienes, estos, serán definidos por los jugadores individualmente. Para ganar papeletas, no... vamos a llamarles "billetes" -para comodidad de lenguaje-. Ahora sí: Para ganar billetes se realizarán trabajos de diferente dificultad, grado de responsabilidad, sacrificio etc., ahora bien, esto NO implica que los más complejos sean los mejor remunerados.

Respecto al empleo vale la pena aclarar varias cosas, pero no me dentendré en todas puesto que esto es sólo un proyecto informativo, pero, por ejemplo, uno de los empleos más sencillos y mejor pagados es denominado "robo". Consiste en apoderarse de lo que es propio de los demás sin permiso, de una u otra manera y sin devolverlo. Suena descabellado, pero no será penalizado en todos los casos, después de todo el Gobierno -quien regirá la sociedad de nuestro juego- es fiel partícipe de esta práctica. Las condiciones para la penalización se considerarán dependiendo de la cantidad de muertos que se puedan contar. Aunque pensándolo bien esto puede contarse como un accidente laboral, pero cuando lo piense bien les haré saber para cambiar las reglas.

Retrocedamos un poco a la cuestión de los bienes -y servicios- que adquieren los jugadores. Ya había dicho que han de conseguirlos dependiendo de sus necesidades y el costo, ahora bien,  puede que existan ciertas influencias provenientes de un ejercicio cuyo propósito -a diferencia de el inicial- es completamente diferente al que los jugadores entienden.

Antes de continuar y de que lo olvide, comentaré algunas de las características que los jugadores pueden desarrollar al involucrarse en el juego y con lo cual regresaré al tema que tocaba anteriormente: Se convertirán en sujetos dependientes que buscan llenar sus vacíos emocionales e inclúso vitales con el flujo de las papeletas o "billetes", y por lo tanto con lo que pueden conseguir al efectuar su intercambio. Son egoístas, poco emocionales, calculadores, embusteros, retrecheros, sánganos, descarados, desgraciados, desalmados, malditos, ¡MENTIROSOS CAVERNÍCOLAS HIJUEPUTAS! Perdón lectores, me atoré con el café.

Les decía, debido a su "perfil" y conducta, procuran culpar a los demás por su comportamiento impulsivo y desenfrenado, lo que nos lleva a abordar de nuevo el tema del dichoso ejercicio, al cual ES OBLIGACIÓN para los jugadores culpar. Pero no sólo eso, deben también odiar. En un intento rápido de identificarlo podemos llamarlo... no sé, publicidad. Sí, publicidad.

La pobre publicidad, que comenzó como ambición de nómina y ahora para muchos, es una vida de creatividad y conciencia para quienes le contemplan y viven.

Bueno, de todas maneras es un juego, y la regla dicta culpar a la publicidad por los malos hábitos de consumo y generalizarla, archivarla entre la basura popular que obtienen los jugadores y no indagar, porque es otra regla, no explorar, y mucho menos pensar, ¿Por qué? porque es pecado.

Continuando con las reglas, he estipulado que... ¿qué? . Ah hola Patria Colombiana, ¿cómo anda todo?
-(Habla la Patria)
-Ah sí, me lo imagino, cada vez está más difícil la situación.
-(Habla la patria)
-¡Jajaja! Ah pero no se enoje mujer, así me gusta, que no hagan levantar a los señores sólo por ser señoras, muy bien Doña Patria, usted es una verraca. Pero cuénteme, ¿qué se le ofrece?
-(Habla la Patria, sigue hablando, habla más.)
-Ay jueputa. Doña Patria, menos mal me dijo, me salvé de una vergüenza pública. Espere afuerita, ahí en el pasillo y nos tomamos un tintico apenas termine esto.


Señoras y señores juego cancelado, al parecer ya alguien había llegado con un juego igual. Fue un placer haberme leído, ya lo sé, no lo digan porque me quitan tiempo, y se me salen todos de acá antes de que el Señor Simón Bolivar se levante y me meta una demanda por plágio desde el infierno.

jueves, 3 de mayo de 2012

Hasta mañana


Duerme bien rayito, 
hasta mañana.

Que tu aire somnoliento me acompañe
que se vista de futuro tu aura,
fuera de mí calamidades tortuosas; te veo marchar, 
entre sueños a mis entrañas.

Descansa mi sol,
hasta mañana.

Cuando despiertes no pronuncies
palabra alguna innecesariamente,
mi lengua paseo por tu cuello
en colores invisibles, buen día a mis ganas dile.

Abrígate bien pedacito de cielo,
hasta mañana.

Abriéronse sin temor mis labios
para pronunciar tu nombre de madrugada
sin pensar cielito, sin ver, amor
que ya tenías planeada mi muuerte por verte,
por verte tanto sin despertar, amada.

No me dejes mujercita,
hasta mañana.

Te lo susurro a diario; "hasta mañana"
para postergar el abandono,
porque tengo miedo rayito
porque no hay olvido que me encante ni recuerdo,
que me saque del abandono.

Piedad de mí sí que has tenido
hasta ahora alma mía, para no salir espantada
para no llevarte mi cuerpo,
dejarme ser en tu cadera
para no entregarme al viento.

Ni se te ocurra despertar, pequeña,
hasta mañana.

No me gusta la soledad
aunque disfruto de tus silencios
somnolientos y atrevidos, profundos,
diseñados,
porque me hundo en tu ausencia suavecito y de a bocados.

Y te veo
sin excusas ni reparos,
mejor no despiertes,
que entre sombras y sueños también me encuentro.

miércoles, 25 de abril de 2012

Corrosivo

Es triste cuando desapareces, como difuminada en las pizarras, hecha polvo entre mis sueños, pero dibujada con tinta en mi memoria. Cuando sales de paseo por cielos desconocidos y no me dejas más que un par de palabras que intento repartir equitativamente entre tus horas de ausencia, mis horas de más profundo sentir, el tiempo lento degüella los momentos que podrías estar compartiendo conmigo.


Cuando te borras como historia patria, te caes como las rueditas de mi bicicleta, oxidadas, pero aún instaladas en mi memoria.


Cuando te fundes entre olvidos instintivos e irrelevantes, que vuelvo a recordar al pronunciar tu nombre, que en realidad nunca olvido porque cicatrizaron en mí tomando formitas, como las que veo en las nubes al invocarte en mi café matutino.


Indolente tú, que me resignas a tener conformidad con dos segundos de ti, una pasada frente a mis ojos y parece que todo comienza de nuevo. Indolente tú, que no me debes nada pero yo a ti te debo la vida.


Como cuando resbalaba en el rodadero y me decía mamá: “No llores, le pasa a cualquiera, las niñas se ven feas llorando”. Se repite la historia porque no fue un error, “No llores, eso le pasa a cualquiera, las mujeres se ven feas llorando”, y yo trato de consumar cualquier pena con un traguito de Vodka, pero el licor evaporado me penetra las glándulas lagrimales y me deja igual. No eres tú, es el alcohol.


Es triste cuando la distancia se vuelve corrosiva hasta el punto en el que quiero envenenarme contigo sin importar lo cruel o tortuoso de mi muerte, o mi vida sometida a las secuelas. Es triste cuando eres huella, y unos años después al pasar por el mismo camino ya hay muchas a tu lado, que permanecen mientras la mía se ha borrado.


Es triste beber un sorbo de lo que sabes jamás has de probar de nuevo, que te guste, como tantas, tantos, tantísimos, y ver como caminas hacia el pozo sin fondo en lugar de lanzarte en mis vacíos, aun sabiendo que en ellos, si has de morir, lo harás con una sonrisa implacable en el rostro.


Papá nunca me dejó coleccionar carritos, que lo mío eran las crayolas, que no me distrajera, que había un solo camino correcto y lo mejor de todo, que jamás iba a estar segura de cuál era el que había tomado. ¿Sabes algo papá? Lo mío es manejar el olvido, controlar el curso de sus idas, de sus no regresos, ya no me importan los carritos, tal vez tenías razón con las crayolas, y por sospechoso que parezca no me importa que me olviden.


No me importa que me olvides mujer, no me importa que me olvide el mundo, el ciclo comenzó y quién sabe si deba terminar; no me importa si me olvidas porque Freud se encargará de hacerte recordar, y entonces sabrás que nunca debiste dejarme.


Pero no interesa bonita, nos perdonaremos. Mejor vamos a rechazar tanto pereque, le dejamos los rodeos a la bola de estambre del gato. Y debimos haber sufrido, y debemos después amarnos, y no me importa si te suena a mandato porque a mí ya me lo dijo el corazón.


No creas que por todo esto me sé las reglas del juego, soy un peón y tú la reina.
No creas, cielito, que porque en mí tu recuerdo es sempiterno, se va a desgastar.
No creas, pastelito, que yo voy a dejar de quererte porque ese día nos enojamos.
No creas, pedacito de sol, que porque yo te amo ahora no te voy a amar después.


No creas en todos, conmigo te basta.


miércoles, 25 de enero de 2012

Silencios

No contesto preguntas porque las respuestas me salen caras, además se me van acabando las mejores, y aunque todas fueran buenas no las daría, tengo el cerebro jadeante de tanta pensadera. Sí, pensadera que se había ausentado durante tanto tiempo. No me jodas, ni que fueras el hombre de mis sueños, porque hablar de “el hombre de mis sueños” es todo un enigma, verás, no suelo soñar despierta, y si alguna vez lo hice ya no recuerdo como es él. No sé si me amaba ni siquiera, si me amaría como le gusta a mi tiempo. En fin…fin.

Que me tengan aquí colgada todo el tiempo que quieran, por más injusto que sea, y aunque ya no sienta mis manos, me atrevo a decir que eso es poco para la cantidad de ira que invade mis venas cada vez que intento decir la verdad –sin contestar a una pregunta- y me lanzan un baldado de agua fría, que digo fría, antes no me han matado con un pedazo de hielo.

La cosa es que yo te quiero aunque los gusanos te hayan robado, pobre, de haber vivido más tiempo… qué no habría dado con tal de verte caminar unos pasitos a mi lado, de nuevo, ¡todo! Con tal de verte sonreír de medio lado, como si ser feliz te avergonzara. Eras un dilema, no tanto como yo claro está, pero la diferencia no era mucha o muy relevante. Tengo los recuerdos frescos en mi mente. No. Miento, se cortan de vez en cuando, se me va en el apagón, pero no he olvidado tu aroma ni el color de tu voz, el roce cálido de tu piel, tus besos llenos de alcohol, tus pasos como luz de mañanita entrando por mis costillas, eras, eres todo un niño.

Para mi desgracia cometí un error. No te enamoré. Las tardes no me alcanzaron, tantas calles recorridas, ay, como esa noche en el café ¡Que linda he de verme de mesera! Nunca lo supiste, pero pude haberte llevado café toda tu vida. Sí, toda tu vida, porque la mía se hacía eterna cada vez que me extendías tu mano para bailar.

Dime que me quieres. Ahora de perfil. A ver de espaldas, me decías, y supe que te quería porque no salí a correr cuanto tuve oportunidad para hacerlo. Ay no, no te quería, te quiero a mi lado dibujando un “tal vez” como futuro, sin promesas, sin expectativas, sin poesía con moñitos que suene bien al contonear las caderas, te quiero real como el dolor que emana de un buen amor.

¡Que nos escupa el viento! Que nos lleve el diablo pero a ambos, que nos lleve juntos. Y a todas éstas ¿cuál era tu hijueputa afán? Es que no tenía que amarte para querer irme contigo, y todo por tomarte la verraca sopa, además tenía que ser allá, no podía ser en otro lado ni con otra persona, no podías tomar otra ruta, no pudiste elegir un horario más cómodo para dejarme.

Creo que se dislocó mi hombro derecho pero los recuerdos me tenían muy ocupada como para sentir dolor ¡Ay miren! ¡llegó Paula! Carajo, lo que me faltaba, usted se me va y me deja a la desgraciada a cambio. Que mala jugada. A ver si “ésta” sí contesta algo.

-¡Confiesa ya maldita que me quiero ir!

Otra vez agua ¿ve? Eso me pasa por hablar, por escandalosa. Mejor sigo callada, la boca me sirve para morderme los labios cada vez que cierro los ojos y te apareces caminando hacia mí, con los brazos abiertos, con el tiempo a flor de piel.

Increíble que aparte de que la cretina esa te engatusó y te preparó esa sopita que nunca llegaste a tomar, niega su amistad con los patanes esos, que jodida, guaricha, gala ¡ELLA FUE! ¡ELLA LO HIZO!

-¡Cállese!

Más baldados de agua, acá me voy es a morir, ¡bah! Qué más da, si lo que quiero no lo tendré si no es contigo y al infierno mismo iría a entregarte todo.

-¿Y usted qué tanto me ve, payasa? Más bien agarre un espejo y encuentre a la culpable.

- Ay deje la gritadera que yo a esos tipos no los había visto, jamás, en mi vida, nunca, fue pura casualidad que lo agarraran camino a mi casa, más bien confiese usted ¿por qué estuvo con él desde tan temprano?

-Sencillo, estaba bastante enferma y debía cuidarme, pero quería verlo. Además, aprovechar el buen clima diurno no es ni anormal ni pecaminoso, no me reclame, usted estaba enterada de todo, shu, chite perra. ¡Chite!

Ya no más, ya no más, a éstos no les doy el gusto de escuchar más declaraciones, mis respuestas no sirven, ésta es la tercera vez que proceden y nunca antes habían traído a Paula, me la imagino bien escondidita en casa de sus padres ¿a quién se le ocurriría buscar un sospechoso en México? Reconozco que fue un buen movimiento. No sé qué más quieren, lo único que debo declarar es mi cariño, y quien lo merecía se fue sin mí.

-Nunca atentaría en su contra, lo era todo para mí.

Y así pasan todos por inocentes, que bonito, no demora en invitarlos a tomar una sopita.

-…Además, yo lo amaba.

¿Lo amaba? ¡Usted miserable gusana no lo amaba! ¡No sabía absolutamente nada de él! Ni el apellido, apostaría sin temor, usted nunca durmió extrañando su pecho, ni guardó el color de su piel con la esperanza de encontrarlo un día para robarle un poco más, ni bailó con él por las avenidas, ni cerró los ojos al besarlo, era yo, ¡Yo lo amaba! Bueno, no, pero sentía algo similar. No, no era eso, mi cabello se está enredando en mi corazón, me ahoga, digamos que lo amaba un poco, o más bien lo quería demasiado, ay no ¡PUTA! ¡ELLA LO HIZO!

¡No! ¡Esperen! No más agua por favor, el frío del tiempo que se llevó a la tumba es suficiente tortura.

Tanto silencio.

¡Pum! Algo cae al suelo y todos los ojos se salen de sus cuencas.

La billetera de Paula: Abierta de par en par, deja ver con total claridad tres fotografías, en una de ellas, la recién mencionada en cómoda y amistosa pose junto a los dos matones.

Lo sabía, desgraciada ¡Lo sabía! Ojalá te pudras en la cárcel, pero por favor intenta ser buena, con eso te vas al cielo y él no tiene que verte la cara de atrapada.

Vaya, que alivio amor, reposa en mi corazón la desgracia de esa guaricha, como pomada en quemadura, aún me arde, pero sanará pronto, y hace buen efecto porque ya ni las piernas siento, ni mi saliva, ni el palpitar, sólo te siento a ti tan lejos que mejor voy a buscarte, no te vayas, no de nuevo.

miércoles, 28 de diciembre de 2011

A Sindy

Después de todo tenías razón, a pesar de tus juegos y tus risas infantiles, la seriedad en tu tacto era un riesgo que no me arrepiento de haber corrido, sin embargo, debí haberlo hecho con más precaución, para no estar atado de manos y pies frente a tu olvido. A veces siento que todo es tu culpa. Tú y tu voz que anuncia calma en medio de cualquier tempestad, tú y tus chistes espontáneos que me hacían olvidar la existencia de cualquier otro ser vivo alrededor, tú y tus canciones alegronas, tu poesía muerta, tu arte hecho con hojas secas, tantos detalles en el caminar de tu cabello sobre el viento, que era imposible detenerme por más advertencias que me hicieras.


Creo que te quise.


Sobre todo ese día en la feria, morías de ganas por ir a ver ese show de trapecistas. Al llegar me sonreíste, pero no me tocaste, con un “hola” te bastó. Compré las entradas y mientras era hora de la función quisiste recorrer el lugar, corrías como si fuese el único sitio en la tierra en el que serías feliz y comprabas cualquier dulce a la vista. En tu afán de ser feliz de vez en cuando te detenías para decirme “Mire, es magia todo esto, magia.” Asentía con la cabeza y tomaba otra fotografía. Aún las conservo, todas tienen tu nombre escrito detrás y la fecha, por si algún día me da por volver a quererte. Mientras el show estaba en curso parecía que ni siquiera parpadeabas, y como si no fuera suficiente, me agarraste la mano entre ambas palmas y apretaste y apretaste Sindy, casi me muero, pero a ti al parecer no te parecía gran cosa. Decidí callar. Me soltaste.


Mira que bar tan bien acomodado, podemos embriagarnos. Al salir de la feria bebimos unos tragos, no creí que fuese de tu agrado pero mientras el tiempo pasaba tú más te acoplabas, los minutos dejaron de correr para sentarse con nosotros a platicar. Cantamos algunas canciones de las que te gustaban: “Quedamos cerca del suelo, a la altura de tu cintura, quedamos cerca del suelo, donde se refleja la luna”, me susurrabas ya con bastante alcohol en tu cabeza. Qué lástima Sindy, me hubiese enamorado de ti de haber estado en sano juicio. Aunque estoy seguro de que lo que menos querías era recibir mi cariño. En fin, bailamos un rato y de repente ya querías irte. Así que te llevé a mi apartamento, supuse que estarías más cómoda allí. Llamaste a tu casa para avisar que llegarías en la mañana y en un parpadeo estabas invadiendo mi cama. No voy a mentir, anhelaba que entre sueños me invitaras a dormir a tu lado, pero pasé la noche imaginando dicha escena, nunca sucedió.


A la mañana siguiente desperté asustado, quise llevarte algo de comer antes de que te marcharas, y al empujar la puerta vi mientras se abría que te vestías.


Te vestías despacio, tal y como el sudor recorriendo mi frente al verte.


Encaje, encaje negro, inolvidable como tu primer “Hola”.


Hice espacio en mi cuerpo para la prudencia y esperé a que terminaras. Entré en silencio, te saludé y dejé la bandeja en la mesa de noche. De tu boca no salió una palabra hasta que te fuiste. “Gracias por todo” dijiste, sin gesticular más que una leve y casi invisible sonrisa. Sindy, deja tanta seriedad que acabas de levantarte en mi cama después de pasar una borrachera, lo haces tú y uno que otro marciano, pensaba en voz alta cuando te fuiste ¡Y era cierto! ¡BAH! Que se largue si eso es lo que quiere, me dije.


Te llamé el miércoles siguiente.


Dijiste que un picnic estaría bien, el clima parecía dócil y estabas de buen humor a grandes rasgos. Llegué al sitio acordado y confieso que no te vi, vi a tu vestido azul con flores rosa pálido flotando entre perros callejeros –que tanto amabas- y palomas –que tanto detestabas- , al borde del abismal espacio, sin importarte absolutamente nada más que la canasta con frutas que adornaba tu mano. Nos sentamos en el verde y me contaste algunas cosas, yo sólo reía, siempre has tenido una manera peculiar para expresar tus anécdotas, a pesar de ser prudente viven tus palabras enredadas en vulgar y soez vocabulario tan propio que se torna encantador.


Después de comer y discutir las propiedades de algunas frutas, la risa nos llevó al cansancio y caíste profunda en una infinidad de sueños, seguramente muy extraños, mientras el sol se ocultaba. Me dediqué a detallarte, me gustaron tus rodillas, la forma de tus hombros, el grosor de tus muñecas, tu nariz imperfecta pero lúcida en tu rostro, tu bolsillo dejando escapar un par de cigarrillos, tus pecas, ¡Jajaja! ¡Tanto que las detestas! A mí siempre me han parecido encantadoras a pesar de tu tonto desprecio, de todos modos no valía la pena decirlo, era obvio que no te importaba.


Después de ese tipo de momentos creí que querrías quedarte un rato más, llegué a sentirme seguro hasta que dejaste de contestar mis llamadas.


Sabía que estabas viva, te sentía al respirar, pero ¿por qué no querías dejar que te sintiera cerca? ¿Habría hecho algo mal? No lo creo… siempre me mantuve a la distancia adecuada, nunca me sobrepasé, aún así fui muy atento y no sé por qué me pregunto tantas cosas, pero ¿cómo es que puedes irte después de tantas risas? ¿Y los sueños que me contaste? ¿Y los miedos que intentamos ahogar? ¿Y tu felicidad? ¿Por qué? Sí, ya sé que no vas a contestar, sé que debí haberte escuchado mejor, me lo advertiste, “Puedo irme en cualquier momento, sin motivos, sin explicaciones, sin dolor.” ¡Claro que te vas sin dolor! Porque me lo dejaste todo a mí.