miércoles, 25 de enero de 2012

Silencios

No contesto preguntas porque las respuestas me salen caras, además se me van acabando las mejores, y aunque todas fueran buenas no las daría, tengo el cerebro jadeante de tanta pensadera. Sí, pensadera que se había ausentado durante tanto tiempo. No me jodas, ni que fueras el hombre de mis sueños, porque hablar de “el hombre de mis sueños” es todo un enigma, verás, no suelo soñar despierta, y si alguna vez lo hice ya no recuerdo como es él. No sé si me amaba ni siquiera, si me amaría como le gusta a mi tiempo. En fin…fin.

Que me tengan aquí colgada todo el tiempo que quieran, por más injusto que sea, y aunque ya no sienta mis manos, me atrevo a decir que eso es poco para la cantidad de ira que invade mis venas cada vez que intento decir la verdad –sin contestar a una pregunta- y me lanzan un baldado de agua fría, que digo fría, antes no me han matado con un pedazo de hielo.

La cosa es que yo te quiero aunque los gusanos te hayan robado, pobre, de haber vivido más tiempo… qué no habría dado con tal de verte caminar unos pasitos a mi lado, de nuevo, ¡todo! Con tal de verte sonreír de medio lado, como si ser feliz te avergonzara. Eras un dilema, no tanto como yo claro está, pero la diferencia no era mucha o muy relevante. Tengo los recuerdos frescos en mi mente. No. Miento, se cortan de vez en cuando, se me va en el apagón, pero no he olvidado tu aroma ni el color de tu voz, el roce cálido de tu piel, tus besos llenos de alcohol, tus pasos como luz de mañanita entrando por mis costillas, eras, eres todo un niño.

Para mi desgracia cometí un error. No te enamoré. Las tardes no me alcanzaron, tantas calles recorridas, ay, como esa noche en el café ¡Que linda he de verme de mesera! Nunca lo supiste, pero pude haberte llevado café toda tu vida. Sí, toda tu vida, porque la mía se hacía eterna cada vez que me extendías tu mano para bailar.

Dime que me quieres. Ahora de perfil. A ver de espaldas, me decías, y supe que te quería porque no salí a correr cuanto tuve oportunidad para hacerlo. Ay no, no te quería, te quiero a mi lado dibujando un “tal vez” como futuro, sin promesas, sin expectativas, sin poesía con moñitos que suene bien al contonear las caderas, te quiero real como el dolor que emana de un buen amor.

¡Que nos escupa el viento! Que nos lleve el diablo pero a ambos, que nos lleve juntos. Y a todas éstas ¿cuál era tu hijueputa afán? Es que no tenía que amarte para querer irme contigo, y todo por tomarte la verraca sopa, además tenía que ser allá, no podía ser en otro lado ni con otra persona, no podías tomar otra ruta, no pudiste elegir un horario más cómodo para dejarme.

Creo que se dislocó mi hombro derecho pero los recuerdos me tenían muy ocupada como para sentir dolor ¡Ay miren! ¡llegó Paula! Carajo, lo que me faltaba, usted se me va y me deja a la desgraciada a cambio. Que mala jugada. A ver si “ésta” sí contesta algo.

-¡Confiesa ya maldita que me quiero ir!

Otra vez agua ¿ve? Eso me pasa por hablar, por escandalosa. Mejor sigo callada, la boca me sirve para morderme los labios cada vez que cierro los ojos y te apareces caminando hacia mí, con los brazos abiertos, con el tiempo a flor de piel.

Increíble que aparte de que la cretina esa te engatusó y te preparó esa sopita que nunca llegaste a tomar, niega su amistad con los patanes esos, que jodida, guaricha, gala ¡ELLA FUE! ¡ELLA LO HIZO!

-¡Cállese!

Más baldados de agua, acá me voy es a morir, ¡bah! Qué más da, si lo que quiero no lo tendré si no es contigo y al infierno mismo iría a entregarte todo.

-¿Y usted qué tanto me ve, payasa? Más bien agarre un espejo y encuentre a la culpable.

- Ay deje la gritadera que yo a esos tipos no los había visto, jamás, en mi vida, nunca, fue pura casualidad que lo agarraran camino a mi casa, más bien confiese usted ¿por qué estuvo con él desde tan temprano?

-Sencillo, estaba bastante enferma y debía cuidarme, pero quería verlo. Además, aprovechar el buen clima diurno no es ni anormal ni pecaminoso, no me reclame, usted estaba enterada de todo, shu, chite perra. ¡Chite!

Ya no más, ya no más, a éstos no les doy el gusto de escuchar más declaraciones, mis respuestas no sirven, ésta es la tercera vez que proceden y nunca antes habían traído a Paula, me la imagino bien escondidita en casa de sus padres ¿a quién se le ocurriría buscar un sospechoso en México? Reconozco que fue un buen movimiento. No sé qué más quieren, lo único que debo declarar es mi cariño, y quien lo merecía se fue sin mí.

-Nunca atentaría en su contra, lo era todo para mí.

Y así pasan todos por inocentes, que bonito, no demora en invitarlos a tomar una sopita.

-…Además, yo lo amaba.

¿Lo amaba? ¡Usted miserable gusana no lo amaba! ¡No sabía absolutamente nada de él! Ni el apellido, apostaría sin temor, usted nunca durmió extrañando su pecho, ni guardó el color de su piel con la esperanza de encontrarlo un día para robarle un poco más, ni bailó con él por las avenidas, ni cerró los ojos al besarlo, era yo, ¡Yo lo amaba! Bueno, no, pero sentía algo similar. No, no era eso, mi cabello se está enredando en mi corazón, me ahoga, digamos que lo amaba un poco, o más bien lo quería demasiado, ay no ¡PUTA! ¡ELLA LO HIZO!

¡No! ¡Esperen! No más agua por favor, el frío del tiempo que se llevó a la tumba es suficiente tortura.

Tanto silencio.

¡Pum! Algo cae al suelo y todos los ojos se salen de sus cuencas.

La billetera de Paula: Abierta de par en par, deja ver con total claridad tres fotografías, en una de ellas, la recién mencionada en cómoda y amistosa pose junto a los dos matones.

Lo sabía, desgraciada ¡Lo sabía! Ojalá te pudras en la cárcel, pero por favor intenta ser buena, con eso te vas al cielo y él no tiene que verte la cara de atrapada.

Vaya, que alivio amor, reposa en mi corazón la desgracia de esa guaricha, como pomada en quemadura, aún me arde, pero sanará pronto, y hace buen efecto porque ya ni las piernas siento, ni mi saliva, ni el palpitar, sólo te siento a ti tan lejos que mejor voy a buscarte, no te vayas, no de nuevo.

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