miércoles, 26 de septiembre de 2012

La Carta



Lo que sucederá es inminente e irrefutable. Me iré. Lo sé porque ya estuve allí, pero no creas que te espío o que me fui adelante en el tiempo porque yo no soy maga ni bruja, yo no soy un bicho raro. Fíjate lo sencillo que es determinarte sólo con verte a los ojos, el frío de tus labios quebrados como la piel que cubre tus rodillas, reflejo de las grietas que voy a dejarte cuando me marche, si me marcho, si es que dejas que me marche, aunque será mejor que no te esfuerces porque de todos modos mi ausencia ya hizo agenda en tus manos. Será mejor.

Que comiences a construir mi recuerdo corriendo entre los girasoles del jardín trasero que da hacia la carretera, y que te acuestes a encontrarte conmigo en mi escape para que sientas cómo he de recordarte, temblando mis manos por el viento frío y cortante, que daña vidas y alarga distancias, muy útil ¿verdad? : Como si considerar el suicidio no fuera pecado sino una puerta abierta, recitando a Bukowsi estratégicamente para atormentarme, sin decidirme por el delirante aire vivo, o la obligación del cuerpo cansado y agonizante que me exige dar el salto dentro de la fosa ya cavada desde mi nacimiento.

Vas a ver que una vez me marche ya no va a dolerte leerme, y me agradecerás todo el amor que desperdicié contigo. Dirás que soy rencorosa, pero tengo tanto querer adentro que del mío viviría la patria. Mientras me olvidas voy a morderme los labios en un simbólico ritual de masturbación retórica, mal planteada, como táctica para eliminar los recuerdos hasta que me escurran por la frente como el sudor que dejé impregnado en tu ombligo, porque ni la muerte se los lleva.

A veces me parece que hablo de más. 

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