Lo que sucederá es inminente
e irrefutable. Me iré. Lo sé porque ya estuve allí, pero no creas que te espío
o que me fui adelante en el tiempo porque yo no soy maga ni bruja, yo no soy un
bicho raro. Fíjate lo sencillo que es determinarte sólo con verte a los ojos,
el frío de tus labios quebrados como la piel que cubre tus rodillas, reflejo de
las grietas que voy a dejarte cuando me marche, si me marcho, si es que dejas
que me marche, aunque será mejor que no te esfuerces porque de todos modos mi
ausencia ya hizo agenda en tus manos. Será mejor.
Que comiences a construir mi
recuerdo corriendo entre los girasoles del jardín trasero que da hacia la
carretera, y que te acuestes a encontrarte conmigo en mi escape para que sientas
cómo he de recordarte, temblando mis manos por el viento frío y cortante, que
daña vidas y alarga distancias, muy útil ¿verdad? : Como si considerar el
suicidio no fuera pecado sino una puerta abierta, recitando a Bukowsi
estratégicamente para atormentarme, sin decidirme por el delirante aire vivo, o
la obligación del cuerpo cansado y agonizante que me exige dar el salto dentro
de la fosa ya cavada desde mi nacimiento.
Vas a ver que una vez me
marche ya no va a dolerte leerme, y me agradecerás todo el amor que desperdicié
contigo. Dirás que soy rencorosa, pero tengo tanto querer adentro que del mío
viviría la patria. Mientras me olvidas voy a morderme los labios en un
simbólico ritual de masturbación retórica, mal planteada, como táctica para
eliminar los recuerdos hasta que me escurran por la frente como el sudor que
dejé impregnado en tu ombligo, porque ni la muerte se los lleva.
A veces me parece que hablo
de más.
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