viernes, 23 de diciembre de 2011

A Leonor.

Jamás había anhelado tanto llegar a esa casa. Me molestó visitar ese lugar desde la primera vez que a mamá se le ocurrió la idea, sus olores frescos y decoración perfecta, paredes impecables, cuadros de precios ridículos, tacitas de té bordeadas con hilitos de oro y cortinas tan pesadas como el señor de la casa, Don Santiago Bernal.

Cada visita era una tortura, la risa hipócrita, las charlas sobre la moda de París con Lucía, su hija, y los infinitos “Si mamá estuviera aquí…”. En medio de uno de mis pocos momentos de lucidez pensaba decirle a mamá que jamás regresaría, y segundos antes de comenzar con mi discurso, un olor a vida me inundó, enfrascado en un envase añejo, adornado con seda y una sonrisa eterna.

Para mi desgracia, mamá y ella no cruzaron miradas, así que continuamos caminando.

Dijo que tal vez no regresaríamos porque sentía que abusaba de la buena voluntad de aquel hombre que le ofrecía tan buen empleo, no entraré en detalles, sólo diré que era bastante abundante en cuanto a paga se refiere, y balbuceando la convencí de regresar sólo una vez más.

Al llegar a casa subí corriendo a la terraza, con la vista fija en su mansión y el corazón en la mano puse ambos pies en el borde y juré, juré que saltaría si no recordaba el nombre de esa mujer; sé que lo mencionaron un par de veces, lo sé… un suspiro entrometido lo hizo claro. Leonor.

Sonreí al recordarlo, no lo puedo negar, y sin abrir los ojos dibujé en mi memoria su figura tan poco juvenil, esa expresión ausente en el movimiento de sus manos al andar, el rojo apagado de sus labios entreabiertos como esperando un alma que pudiera digerir, su cabello recogido y aún así hecho brisa, su cuerpo delgado, fuerte, como árbol en el océano y a pesar de su elegancia sentí que si recorría su piel dejaría su presente por quedarse conmigo.

No logré soñar con ella, pero cuando desperté ansiosa por verla no pude sacarla de mi llanto al escuchar a mamá decir: “Ni te atrevas a salir, ya bombardearon la mansión de los Bernal y no te vas a ir con ellos.”

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