Llévame de una buena vez que este costal de huesos está ya cansado y enredado en las confusiones de su existencia, ven y tómame que estoy harta de creerme muerta estando obligada a vivir. Llévame despacito, agárrame fuerte los brazos que ya los siento cansados por no decir que a tu merced, haz de mí y conmigo lo que te plazca, permite que te seduzca hasta que decidas cargarme por yo no sé dónde. Huele la necesidad en mi cuello, fíjate en mis ojos vacíos, llenos de nada, a reventar de ausencia, desliza tus manos por mi pecho y ante ellos rinde tributo a la poca carne que les queda; no me sueltes, no me dejes, no me abandones de nuevo que mucho me costó tenerte tan cerca, aquí está mi vientre disponible sin restricciones, mi cintura que clama tu tacto: ¡Sumérgete en mis caderas! Y ahoga tu respiración entre mis piernas, que tu ser conozca mi espalda cual patriota a su tierra, que tus manos me describan poco a poco hasta poder dibujarme cada noche a la perfección en tu memoria. Mátame de una vez y por todas, las veces que quieras, mátame con fuerza pero despacito porque no quiero olvidarme de algún detalle, compláceme una última vez, déjame sentirte hasta donde jamás he sentido a nadie, devora poco a poco cada trozo de mi ser doliente que no puede comprender el mundo como los demás, muerde de mis labios las palabras que jamás pronuncié, lame de mis hombros el peso que nunca cargué, envuélveme en susurros y no me dejes escapar. Y ahora que ya has recorrido milímetro a milímetro mi piel seca y desgarrada por el tiempo, por las garras del Cronos, llévame a tu lecho con pasitos cortos, con tus dedos hazme ver el fin de mis días sin una sola lágrima, vacía mi cuerpo en 30 segundos de lujuria, mátame te lo suplico, mátame de amor.
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