Puedo reemplazar al viento que agita tus cabellos y se cuela entre tus labios cuando sonríes, puedo ser son cubano para que contonees tus caderas a mi ritmo y quieras morir moviendo sin parar tu cintura con infernal pasión mientras elevas tus brazos ante los cielos como atestiguando a mi favor. Puedo ser navaja si decides regresar al cielo, puedo ser camino si lo que quieres es retroceder a mis brazos.
Ciega ante tu peligro, Cristina, recorro tus piernas sin descanso sonriendo, mordiendo, lamiendo, Cristina, no te detengas que tus pasos dan sabor a mi existencia, Hector Lavoe en tus muslos me revienta la calma, sigue caminando y no me toques Cristina, porque no pienso caer al precipicio de tu ausencia, mucho menos si no vas a estar abajo para enredarme entre tus brazos cuando sienta que muero.
¿Recostarte? Pero si apenas voy en tu entrepierna, mujer piel morena, Cristina cintura comestible, se exalta el poder en mi pecho y quiero tenerte como duraznito dulce entre mis labios, recostarme en tu ombligo a tomar el sol, explorar el espacio entre tus pechos suaves, como creados para vivir entre mis manos, flexibles ante la creatividad de mis palmas y mis dedos curiosos, sedientos de carne, atrevidos, amañadores.
Si te quedas Cristina, bailamos con los ojos cerrados hasta que no sepamos si el sol nace o se oculta, encharcamos las noches a brincos inconscientes que giren como mi lengua en tu espalda, y no me hagas seguir Cristina, detenme entre tus dientes y usa tus besos como hidrocodona para mi vida dolida, recógeme con cucharita y haz refugio para mí en tu garganta, o en vez de todo eso, puedes amarme.
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