Agosto 17 de 2011
Miércoles 1:19pm
Me escondí tras la reja caminando despacito para que no me detectara entre sus fugaces miradas, a ver si me buscaba con ansias o era solo mi ilusión. Con pasitos tímidos salí y vi que subió su ceja lentamente, con cuidado de que no se notara su meticuloso movimiento, pero falló, porque con esta vista mía detectora de delicias puedo verle hasta el más último detalle sin que se dé cuenta.
Podría hacer muchas cosas, podría mentirle si quisiera, podría darle un beso y rasgarle el alma con dulzura, podría guiñar el ojo, dar la espalda y regresar cuando me dé la gana o no volver jamás. Pero no, a mí no me gusta dejar las presas a medias, una vez lo tenga cerquita no lo dejo ir, lo único indefinido entre nosotros es el tiempo que voy a tardarme en quererle.
Mientras todo esto daba vueltas en mi cabeza me acerqué con la esperanza de que me lanzara una de esas…esas sonrisas, así como la que me acababa de arrojar sin compasión. Le di la mano y se levantó con el impulso de mis ganas de abrazarlo, olía diferente pero no peor que en otras ocasiones, aun así me sacaba suspiros ese aroma a nada. Quisiera decir que me enamora de a poquitos, pero es un riesgo que todavía no necesito correr, meterle afán al sentimiento es como querer regenerar a una puta solo con llevarla a la parroquia.
Se me bajaron las humedades de la cabeza a otros lares, corrieron apenas vieron esa boca confundida con el frío matutino, temblando de ausencia y de alegría a la vez, dejando mis manos llenas de puerquísimo y ganoso sudor. Yo no sé qué tendrá ese sujeto en la cabeza ni por qué hace lo que hace, pero sus porquerías me reviven los trozos de alma muerta. Esperamos un rato y partimos. Caminando a su lado iba guardando fotografías en secuencia sin que se diera cuenta para no esforzarme luego si quería recordarlo, y me decía “La carne de ese caballo me la comeré en un sándwich la otra semana”; que puerco, pensé. De vez en cuando me agarraba fuerte de los hombros como si quisiera meterme entre sus costillas y llevarme a todo lado, imposible pero bien interesante. Eructaba pensamientos, me agarraba la mano de manera peculiar y se quejaba constantemente de que tenía mocos, mocos y mocos por doquier, y a mí que me gustan tanto esos detalles de fina coquetería por dentro el estómago me daba vueltas sin que se diera cuenta. Daba pasos largotes, alzaba la cola y caminaba haciendo caras. Vaya manera de disimular.
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