viernes, 16 de julio de 2010

Gatos

La luz los apacigua como si fuese pecado hacer un movimiento carente de cautela y cordura, guardan sus deseos para la complicidad de la noche fría húmeda y eterna. Rondando y latiendo tan despacio que el mismo viento los pierde de vista; corren los minutos perseguidos por las ansias felinas, apurados por complacer sus súplicas de versos nocturnos, finalmente, se apaga la luz.

Bastó una sonrisa sublime y una tibia caricia para que los ojos cerrados vieran lo único que debían ver en ese instante, los sueños y las ganas.
Suspiro a suspiro, paso a paso, gota a gota se consume el miedo y entra a dominar el alma colmada de magia. Más que entre felinos, entre caníbales se descubre que una mirada sin dueño y un beso en espera no son más que un triste juego de bufones y arlequines desteñidos.

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